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Se ha conservado el antiguo
nombre de Tijarafe que designaba el primitivo cantón awara gobernado por el poderoso Atogmatoma. Situado en
el occidente palmero se halla dispuesto en una rampa descedente desde
la cumbre hasta el mar. Entre las grandes hendiduras de Las Angustias
y Garome se circunscriben los pagos de Amagar, Arecida, La Punta, El
Pinar, El Jesús, Tijarafe, Aguatavar y Tinizara.
La humedad de los vientos alisios no afecta este territorio marcado
por numerosos barrancos. Los caminos reales y el Océano eran las vías
de comunicación que permitieron el lento desarrollo de este pueblo
eminentemente agrícola.
El paisaje costero se ha transformado tras el retorno de los emigrantes
que hicieron fortuna en tierras americanas; ellos han apostado por
los cultivos principalmente de plátanos, cítricos y aguacates.
Le siguen las tradicionales medianías de secano donde predominan
los frutales (almendros, tuneras...), hortalizas y papas. Y, ya en cotas
superiores, la viña reina entre lomadas y tajos de barrancos.
La fuerte tradición vinícola se deja sentir en la Montaña
de Los Riveroles por las originales bodegas excavadas en la roca. Sus
caldos de sabor ateado son muy considerados, y de estas latitudes ha
nacido recientemente el primer tinto joven de Canarias con denominación
de origen de vino ecológico. Por otro lado, el Turismo Rural
vive su momento dorado; el alto porcentaje de ocupación hace que
este sector sea una opción con futuro.
LEYENDA de la Punta del Moro.
Según cuentan los relatos antiguos fueron muchas las incursiones
que los navíos piratas realizaron en el Archipiélago. Moriscos,
ingleses, franceses... durante los siglos XVI y XVII saqueaban, capturaban
esclavos y alteraban las tranquilas vidas de las gentes de esta pequeña
isla perdida en el Atlántico.
En la costa de Tijarafe se conserva el topónimo de Punta del Moro
que nos da fe de las numerosas visitas de sus naves clandestinas que
perseguían y abordaban las pequeñas embarcaciones de pescadores.
Estos, apresurados, se refugiaban en La Cueva Bonita, entrando por una
de sus bocas y huyendo por la otra; el desconocimiento de este hecho
geológico desembocaba en una búsqueda infructuosa por
parte de los temidos piratas.
CREENCIAS
entre lo real y la fantasía.
Elemento habitual
en el paisaje de la Comarca es la presencia de
cruces que se colocaban a lo largo de los caminos
reales, encrucijada de veredas, atalayas y barrancos.
Se dice que su eje vertical une el cielo con la
tierra, donde habitan los mortales. Símbolo de gloria eterna, la cruz encadenaba
al demonio impidiéndole hacer el mal.
De esta costumbre arraigada se derivan historias
como la de las luces que se ven en la noche desde
el valle en la zona de El Time, cuyo origen se
debe a la presencia de almas en pena que van errantes
sin encontrar el perdón divino. Se cuenta que un grupo de romeros descendía
por el camino real que lleva al puerto de Tazacorte y la oscura noche
les hizo iluminarse con las maderas de las cruces; el imperdonable acto
les hizo vagar eternamente.
El mismo agravio cometió una madre que auxiliaba a su hijo enfermo,
pero cuando llegó a la ermita de Las Angustias se arrepintió de
haber roto la cruz y una voz la perdonó y sanó a su hijo
moribundo. Su espíritu de buena voluntad ilumina aún la
zona acantilada.
También se tiene por cierto que desde Tijarafe se ha divisado,
en innumerables veces, la fantasmal isla perdida que va a la deriva,
la isla de San Borondón. Muchos han sido los testigos oculares
que la han descubierto en el horizonte pero nadie la ha encontrado.
Tan fuerte era la creencia que su silueta se plasmó en los mapas
allá por el siglo XV, imaginándola como una gran ballena
que aparecía y desaparecía, llegándose a hablar
de la "octava isla" donde se hallaba el Paraíso Terrenal.
TRADICIONES
entre campos de secano.
Íntimamente unidas a la economía de subsistencia están las
viejas labores que ocupaban la vida cotidiana de las gentes en tiempos pasados.
Era usual rodear las casas rurales con árboles de secano de los que el
hombre se servía. Nispereros, higueras, almendros, tuneras, viñas...
brindaban sus frutos en diferentes períodos del año.
El sabio campesino creó herramientas que le facilitaran las tareas
de recolección. Así, con una vara larga se zarandeaban
los almendros en septiembre para desprender las almendras del árbol;
también, de longitud considerable, es la tenaza de madera con
la que se extraen delicadamente los tunos para mantener a distancia los
incómodos picos.
Los productos se podían consumir frescos o secarlos para alimentarse
el resto del año. Uvas, higos y tunos se deshidratan bajo el sol
y se guardan en las cajas de tea junto a las almendras. Estas labores,
unidas a la pesca y a la agricultura del cereal, hortalizas y viñas
llenaban las vidas de estas personas que hacían un poco de todo
en un territorio donde la palabra campo significaba trabajo, pero también
alimento.
FESTEJOS populares.
El calendario festivo de la Comarca, aparte de recoger las tradicionales fiestas religiosas de Navidad y Semana Santa, celebradas con devoción, acoge, la más importante, y la que identifica al pueblo de Tijarafe; es la fiesta de Nuestra Señora de Candelaria. El 7 de septiembre, víspera del día de La Virgen, el Diablo, ahora de metal y antes de caña y madera, sale y baila entre los asistentes a la verbena en la madrugada. Un hombre le da vida a la carcaza minada con fuegos de artificio. De cada rincón de su cuerpo salen cohetes de colores que encienden esta noche mágica y misteriosa. Los gigantes y cabezudos danzan junto al negro demonio que fugazmente aparece encarnando al mal.
Por otro lado, en el pago de Tinizara se celebra en junio la fiesta de La Cruz del Topito con sus populares "Papas Asadas" y en el barrio de La Punta, el 13 de mayo, tiene lugar una fiesta donde se invita a comida típica y a vino del lugar. Directamente relacionado con el ambiente festivo se encuentra la expresión musical del punto cubano, traida por los emigrantes que retornaron. Al ritmo del laud y las claves los "verseadores de Tijarafe" (personas que crean décimas con gran facilidad) improvisan los versos que recitan sus vivencias, sus alegrías e incluso sus mayores males.
SUGERENCIAS
La accidentada orografía nos brinda mil recodos entre la red de
senderos y caminos reales que serpentean estas tierras de mar a cumbre;
parajes donde la vegetación autóctona es pródiga
y se entremezcla, en las zonas altas, con los antiguos campos de cultivo.
Barrancos plagados de cuevas, costas acantiladas de limpias aguas y atardeceres
encendidos, caseríos perdidos entre los pinares de cumbre y un
sinfín de panorámicas dispuestas a ser descubiertas por
senderistas y curiosos.
Proponemos un paseo a pie o en bicicleta de montaña por la pista
forestal que discurre desde Tinizara hasta el mirador de Hoya Grande.
Por este hito geografico pasa el itinerario que se inicia en el Roque
de Los Muchachos hasta El Time, desarrollándose en los bordes
que se asoman a La Caldera.
Son asimismo muy atractivos los paseos por los caminos reales de los
barrancos de El Jurado, La Baranda y Garome.
PUNTOS
DE INTERES
Mirador de El Time.
Desde
la cima del precipicio, al borde de las laderas
que mueren en el Barranco de Las Angustias, se
pueden apreciar las hermosas vistas que se asoman
al Valle de Aridane. Dejando andar la vista, a
535 m. de altitud, contemplamos la gran depresión acantilada de La Caldera
de Taburiente. Esta proporciona el agua que da
vida a los cultivos de plátanos que se apoderan
del paisaje. Ciudades, pueblos, llanos y montes
se rinden a los pies del manso mar que arriba a
estas costas del poniente de la Isla.
Iglesia de Candelaria.
Discurriendo entre las estrechas callejuelas del pueblo de Tijarafe encontraremos
la iglesia parroquial rodeada por la plaza. Erigida a partir de la ermita
original del siglo XVI, esta edificación encierra muestras notables
de pintura y escultura. El hermoso retablo barroco del siglo XVII es único
en su género en Canarias; la riqueza cromática de los óleos
se entremezclan con las imágenes de los doce apóstoles
que acompañan a la virgen flamenca de Candelaria.
De trazo sencillo es la arquitectura de blancos muros y rojos tejados.
Entre los huecos pétreos de la espadaña se alojan las campanas
que anunciaban con sus toques las horas del día, la llamada a
la oración o alertaban en caso de incendios y tragedias.
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Cueva Bonita.
Próxima al Prois de Candelaria se encuentra la caverna de grandes proporciones cuyo acceso sólo es posible por el mar. Las embarcaciones van a la deriva, acompañadas por las gaviotas, zarandeadas por las olas en un paseo marinero. Dos grandes bocas engullen a los barcos que buscan la Cueva Bonita. Una playa de callao se aloja en su interior de 84 m. de ancho por 10 m. de alto.
Muchos han sido los halagos que le han dedicado a esta gruta especialmente hermosa al ocaso del sol, instantes en los que la bóveda se llena de colorido al reflejarse la luz rojiza sobre las aguas. |
Ermita de El Buen Jesús.
Justo en los límites del Barranco de El Jurado, en el caserío
de El Jesús, se halla enclavada la humilde ermita de El Buen Jesús,
construida en el siglo XVI. Hacia el mar abren las puertas que guardan
las imágenes del Niño Jesús y la Virgen de La Consolación.
Declarada Bien de Interés Cultural, hoy ofrece un aspecto remozado
tras la reciente restauración, y convive en armonía en
un pintoresco lugar rodeada de una interesante muestra de arquitectura
popular.
Muy cerca pasa el camino real trazado con enorme sacrificio que comunicaba
Tazacorte con el pueblo de Tijarafe.
Pico Palmero.
El punto más alto del municipio de Tijarafe o constituye El Pico
Palmero a 2.310 m. A este picacho, que forma parte de la gran pared de
La Caldera, subía el primitivo pueblo awara buscando respuestas
a sus desconsuelos en el Cielo; en su entorno son numerosos los simbólicos
amontonamientos de piedra y los grabados rupestres. Una mezcla de lo
oculto y lo sagrado emerge de estos restos arqueológicos que se
alzan sobre las cumbres donde los retorcidos cedros hincan sus raíces
al límite de los abismos.
Barranco
de El Jurado.
De camino al pueblo de Tijarafe nos encontramos
con el Barranco de El Jurado, de verticales y
profundas laderas. Los restos de un curioso espigón
agujereado le da nombre a esta depresión que los cronistas definían
como un arco pétreo que la naturaleza había creado y permitía
cruzar de un lado al otro del barranco.
El pinar, en las zonas altas, deja paso a las palmeras, dragos, tabaibas
y numerosos endemismos que se refugian en este espacio protegido donde
nidifican los cernícalos y las grajas.
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Fuente del Toro.
El Municipio ha condicionado una pequeña zona recreativa junto a La Fuente del Toro, uno de los cuatro manantiales que surtía de agua a los habitantes de la localidad. Mesas, bancos y fogones se ponen al servicio de los transeúntes en este lugar ubicado junto a la carretera general que nos lleva a Tijarafe.
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La Casa del Maestro.
Calles tranquilas y silenciosas de empinadas
pendientes empedradas nos guían entre las casitas bajas de maderas pintadas. En los aledaños
de la iglesia encontramos la casona que, en otros tiempos, fue la primera
escuela pública. Gruesos muros e imperecederas maderas de tea
dan cuerpo al edificio que se distribuye en torno a un patio interior.
Este hermoso ejemplo de arquitectura canaria acoge El Centro Etnográfico
y Venta de Artesanía.
Recientemente restaurado, pretende mostrar la Historia del Municipio
y cuenta con una colección de fotografías dedicada a fiestas
tradicionales de toda España. Las oficinas de información
de La Asociación de Turismo Rural Tijarafe tienen aquí su
punto de encuentro.
Una amplia gama de productos elaborados por manos artesanas se exhibe
al público: delicados bordados, labores a ganchillo y macramé,
trabajos en fibras vegetales de palma, trigo, centeno, almendro,
caña... entre otros, nos mostrarán una artesanía
con identidad propia.
Pero sin lugar a dudas, la cerámica es la manifestación
cultural más representativa del antiguo pueblo aborigen. Numerosas
reproducciones de barro cocido nos muestran unos cuencos hechos a mano
con tendencias a las formas esféricas y cilíndricas. Incisiones,
punteados, acanaladuras, motivos rectilíneos, semicírculos
concéntricos... decoran las superficies de estas originales vasijas
oscuras de La Palma.
Otra de las dependencias alberga la historia y documentos fotográficos
que ilustran al Diablo, uno de los números que congrega a más
personas en las fiestas principales.
La Venta.
Cercana a la Casa del Maestro se encuentra esta antigua vivienda cuyas
pautas constructivas son igualmente representativas de la arquitectura
popular.
El edificio está dedicado a destacar la gastronomía de
la Comarca. Los productos básicos de la alimentación regional
se dan cita aquí, pero destacaremos lo referente a la repostería
a base de almendras cuyo cultivo está muy extendido en esta zona
de la Isla. El visitante podrá degustar y ver como se elaboran
algunos de nuestros postres más afamados: almendrados, bienmesabe,
queso de almendra, almendras garrapiñadas, etc. Los licores, mistelas
y mermeladas de frutas harán las delicias para los paladares más
golosos.
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