Precauciones y consejos para el senderista
Aunque los senderos de La Palma son en su conjunto fáciles y sencillos, hay una serie de precauciones que hay que tomar, ya sea de una manera general (lo que se debería de hacer en cualquier sendero de cualquier lugar), ya sea de manera específica en La Palma. Quizás lo más interesante para el senderista que nos visita sea tener en cuenta las peculiaridades propias de La Palma, algunas de ellas ciertamente sorprendentes para quien se acerca por primera vez.
- El relieve de la isla es muy vigoroso, de manera que los desniveles de los senderos suelen ser importantes. Hay que tener en cuenta el desnivel que hay que salvar, tanto en sentido ascendente como descendente, y evaluar la forma física de cada uno. En ocasiones, este relieve resulta ciertamente abrupto, lo que conlleva algún grado de peligrosidad, especialmente si se abandona el sendero marcado. En los senderos en los que hay algún grado de peligro, éste se indica en las respectivas descripciones.
- Las lluvias, especialmente en la zona norte y oeste de La Palma, son más frecuentes de lo que se puede suponer. En principio la lluvia no es sino un pequeño inconveniente, pero en caso de aguaceros intensos hay que tener en cuenta varias cosas. La primera es que los barrancos, generalmente secos, comienzan a llevar agua (en el habla local se suele decir que «los barrancos corren»), por lo que hay que evitar los senderos que discurren por su cauce y, en cualquier caso, alejarse del mismo. La segunda es que las lluvias producen desprendimientos y pueden caer rocas de diferentes tamaños. Este fenómeno se aprecia bien en las carreteras, donde suelen verse piedras que han rodado por la pendiente. En los tramos de senderos que discurren al pie de riscos o paredes verticales hay que extremar la precaución en estos casos y, a ser posible, abstenerse de caminar por estos lugares. La tercera cosa a tener en cuenta se refiere a los casos en los que las lluvias han sido intensas y ya han pasado, en cuyo caso algunos caminos se deterioran por simple erosión, aunque se suelen reacondicionar con rapidez.
- La niebla es muy frecuente en las zonas orientadas al norte y oeste de la isla, así como en las cumbres de La Hilera y sus alrededores. En las zonas despejadas, sin vegetación y con los caminos poco trazados pueden producirse pérdidas del sendero. No hay muchos lugares así, pero en ellos hay que caminar con precaución y no perder las balizas.
- La nieve es frecuente en las zonas altas, sobre todo en el borde de la Caldera de Taburiente a partir de los 2.000 metros de altura y entre los meses de noviembre a abril. El paisaje cambia totalmente y adquiere una gran belleza, por lo que caminar por un entorno nevado es una gran tentación. Sin embargo, hay dos situaciones de peligro objetivo que no hay que desdeñar. La primera se produce cuando la nevada es reciente: se pierde la traza de los senderos y el caminar por la nieve puede llegar a ser agotador al hundirse en ella el senderista a cada paso. La segunda situación es la más peligrosa, y se da cuando el calor del día derrite las capas superficiales de la nieve que por la noche se enfrían y se endurecen. Cualquier pendiente, por mínima que sea, se convierte en intransitable en estas condiciones y el riesgo de caída, en zonas aparentemente inofensivas, es real. Sólo hay dos soluciones: o equiparse con material de alta montaña -crampones y piolet- y dominar su uso, o bien abstenerse de realizar ninguna ruta en la zona alta y escoger otro sendero. Desde estas líneas se quiere apelar a la prudencia de los senderistas. |
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